Hola, de nuevo, amor.
- 23 jun 2017
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Y la volví a ver. Y mi corazón dejó de latir. ¿En serio era ella? Estaba sentada justo ahí, en esa banca que tantos recuerdos me traia. Se veía tan tranquila. El pelo le caía por la espalda, seguía siendo esa melena rebelde que tanto amaba. Sí, en definitiva era ella. Nadie en este mundo podría tener el cabello que ella poseía, rojo como el fuego. No quería acercarme, estaba a espaldas de mí. ¿Qué se supone que le diría? En un momento volteó su rostro y yo, yo me escondí como un niño detrás de un árbol. Ella sintió mi mirada. Me asomé de reojo y lo que vi a continuación terminó de quitarme el aliento. ¡Pero por supuesto que sí! Era ella. La única mujer en este mundo que podría tener tantas pecas en el cuerpo como estrellas de mar en el agua y verse absolutamente hermosa. Respiro fuertemente. ¿Que hace ella aquí? ¿Por qué a vuelto? Vuelvo a asomar mi mirada pero me llevo una gran decepción. Ella ya no está. Mi amor se fué, lo dejé ir, otra vez. Me siento en el suelo con las manos revolviendo mis cabellos. ¿Pero en que estoy pensando? Soy el ser que le rompió el corazón hace años, fuí su primer amor. A ella le dará igual verme, ya me superó, pero yo... ¡Dios mío! ¡Ahora está mas hermosa! -hola, Patrick. Lo primero que veo son unas piernas blancas y esbeltas. Mi mirada sigue recorriendo su torso y me encuentro con su cuello. ¡Oh dios! Son miles de pecas que se dispersan por sus hombros, sus claviculas, su espalda. Le veo el rostro. ¡Pero que rostró! Sigo recordandolo como si fuera ayer, cuando yo besaba ese rostro. Y sus ojos, esos preciosos ojos azules como el mar... Que tanto lloraron por mí, hoy poseen un brillo excepcional. -¿Qué pasa? ¿Te vas a quedar sin hablar toda la vida?-dijo con una sonrisa. Eso fue todo lo que necesitaba, su sonrisa. Era todo lo que me hacía falta en la vida. Esta mujer. Me levanté del piso como pude, boquiabierto y antes de poder decirle algo una persona nos interrumpió. -cariño, los niños ya tienen que ir a la academia.-un tipo de alrededor de 30 años se acercó a Ángel, sí, así se llama, y es que eso es, es un ángel. Le agarró la mano y me observó durante unos segundos. Luego una niña y un niño se acercaron corriendo al desconocido. Ambos tenían cabellera rojiza. Eran sus hijos... Ángel se percató del momento en el que me encontraba. Ella me conocía perfectamente, sabía cuando estaba mal. O bueno, solía hacerlo. -Will, él es Alonso Banks. Viejo compañero de preparatoria. ¿Viejo compañero de preparatoria? Fuí tu maldito novio toda la preparatoria. Pero la perdiste-me dijo mi subconciente. -Mucho gusto. Soy Will, el esposo de Ángel. -un gusto.-eso fue lo único que salió de mi boca.-yo me tengo que ir.-anuncié y ella me miró perdida. Caminé a paso rápido. ¿Que habia pensando? Una mujer como Ángel seguiría con su vida. Ella sería fuerte y lo superaría. Se reconstruyó con los pedazos rotos que dejé en ella. Pero yo, yo nunca me peedoné por haberla dejalo ir. Por haberla perdido. Cada día me arrepentía más y más, pero no podía buscarla. Cuantas cosas no desearía decirle, poder explicarle todo. Pero ya es muy tarde, ella es feliz. Y ahora tengo que dejarla ir yo, porque fuí quien la hirió. Creo que ahora, viendola feliz, puedo perdonarme a mí Espero que me perdone ella, por todo lo que la hice sufrir. Quiero que sepas que nunca fuiste un error en mi vida. Que me hiciste el hombre más feliz del mundo. Que soy un estúpido pero que tú me enseñaste a ser mejor. -Querido amor, lo siento-le grité al viento. -tranquilo, Patrick.-volteé y ella estaba ahí. Me siguió. Lágrimas salieron de mis ojos. Nos abrazamos. Y las piezas del rompecabezas encajaron. Volví a sentir su pecho con el mío y la vida volvió a mí. Como te he extrañado, preciosa.-pensé. Ambos queriamos decirnos cosas, la conocía. Pero era preferible callar. Ella tenía todas las de perder y yo todas las de ganar. Esta vez no, no sería egoísta. Ahora que tengo la oportunidad de decirte todo, mi amor, me callaré para que sigas siendo feliz. Yo solo con verte ya lo soy. Ella nunca sabría todo lo que significó para mí porque yo nunca se lo dije. Pero creo, que ahora, al verme así, por ella, lo sabe. Ella también está llorando. -Cierra la boca Ángel, por favor no digas nada.-le susurro. Ella me mira y una vez más está llorando por mí. Pero ésta será la última, lo juro. -Estas perdonado, toronjita. Eso era lo único que necesitaba. Me sentía en libertad pero comonla amaba y su amor me aferraba a ella. -Gracias, mí Ángel. Me solté de ella, ella no quería, pero necesitaba hacerlo. Nos seguíamos amando, pude verlo por la forma en que me miró. Y ella lo pudo ver por como yo la miré. Tal vez no nos volveriamos a ver pero por lo menos ya no viviría con el tormento de que me odiara. Ella seguía siendo mía, yo seguía siendo suyo. Y solo saberlo era lo único que necesitamos para no volvernos a encontrar el resto de nuestros días. M&E





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